Debate

El niño comprende los estados mentales de los demás basándose en la comprensión imaginativa. Los psicoanalistas, en particular Freud, consideran a la imaginación como un medio de satisfacer deseos e impulsos, no como un instrumento de comprensión; por su parte, los psicólogos infantiles consideran a la imaginación como una facultad que lleva al niño a escapar de la realidad o a distorsionarla.
Pero Harris, considera que la imaginación y más concretamente la capacidad de simular, permite al niño escapar de su realidad, pero esta huida es funcional y hace que el niño pueda concebir realidades posibles y, lo que es más importante, concebir  las posibles realidades que otras personas conciben.
Hace mención de cuatro supuestos:
1.     Autoconciencia
2.    La capacidad de simular
3.    Distinguir la realidad de la ficción
4.    Deseos creencias y emociones
Ante la complejidad y vivacidad crecientes de la ficción infantil, nos menciona que podríamos inclinarnos a sostener que, existe una incapacidad infantil para distinguir la ficción de la realidad. Para demostrar lo contrario se basó en algunos estudios, como el de DeLoache y Plaetzer (1985) en donde observaron que la intervención de la madre en el juego a veces confundía a los niños de 15 a 30 meses. Su confusión se reflejaba en un cambio brusco de lo fingido a lo literal. Por ejemplo: un niño de 15 meses mira dentro de la taza en que su madre acaba de “echar té” como esperando ver el liquido, lo que nos indica según el autor que los niños pequeños, sobre todo a los de uno y dos años, a veces les confunde la ficción.
Sin embargo, los niños de tres años distinguen el mundo real del imaginario, prueba de ello esta en el estudio de Wellman y Estes (1986) quienes propusieron a niños de preescolar historias en las que aparecía un ser real o imaginario. Por ejemplo: un ser real podía presentarse en la historia de este modo “a Judy le gustan los gatitos. Como no tiene ninguno, su padre le trae uno y ahora Judy tiene un gatito”. Por el contrario un ser imaginario podía introducirse de esta forma: “a Judy le gustan los gatitos. No tiene ninguno pero ahora finge que tiene uno”  los niños de tres años eran capaces de identificar y hacer la distinción entre realidad y fantasía.
En esta etapa el pensamiento se fortalece con la reflexión, la capacidad de interiorizar mejora la memoria porque espontáneamente ya se revisan los sucesos y se les da una explicación a los mismos. Se elaboran esquemas mentales a partir de la observación de las cosas, de su comportamiento y del de los demás, se busca dar explicaciones concretas a los distintos acontecimientos, esto permite que se encauce la rica imaginación de edades anteriores,  pues ahora el niño es más objetivo y realista.